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lunes, 26 de septiembre de 2011

La milla de oro


Con el curioso nombre de la "milla de oro" se le conoce en Pontevedra a la zona de la calle de Benito Corbal. No cabe duda de que el éxito comercial de esa zona se debe, entre otros fenómenos, a la implantación de las firmas del textil vinculadas a Inditex. Y a algo más que no debe pasar desapercibido.
Ahora el Concello pretende la peatonalización de esta vía, que nació a finales del siglo XIX como "Calle del Progreso".
Y uno se pregunta si esa medida es procedente, precisamente cuando la calle en la que conviven peatones y tráfico rodado, es de las que verdaderamente funcionan en la ciudad.
Hace ya algunas décadas que la "milla de oro", comercialmente hablando, se ubicaba en el eje de las calles Soportales- Manuel Quiroga y plaza de Curros Enriquez.
Cuando se cegó el arranque de la calle de Benito Corbal, que comunicaba el entorno de la Herrería con la carretera de Orense, esa zona empezó a perder fuelle comercial. Con el paso del tiempo los establecimientos dedicados al comercio se fueron transformando en locales de hostelería, véase Olmedo, Varela y tantos otros, aparte de la progresiva pérdida de población residente.

martes, 13 de septiembre de 2011

Un antiguo anuncio del Savoy


Como estos días reabrió el célebre Café- Bar Savoy, traemos a este blog un antiguo anuncio de este establecimiento, publicado en la prensa pontevedresa de 1936.
De aquella, como en la mayor parte del siglo XIX, la plaza de la Herrería se la denominaba como "Constitución".
Como es sabido, el Savoy ocupará un local estratégicamente situado, que en su día se dedicó a tienda de sombreros y calzados.
En fin, insiste el anunciante de hace 75 años que los precios son económicos.

lunes, 7 de junio de 2010

Cierra la Libreria Michelena


Estos ultimos dias ha saltado la noticia de que cierra la Libreria Michelena, un negocio situado en esa centrica calle pontevedresa, peatonalizada desde hace algunos años.
Su gerente declaraba a la revista digital Vidavedra que las ventas habian descendido "hasta un 70 % las generales y un 30 % las directas". Ademas señalaba que el motivo principal del cierre era "el del descenso del poder adquisitivo de la gente. Ademas si a eso sumas que las instituciones no nos compran casi nada, todo esto nos ha hecho mucho daño".
Tanto en el plano comercial como en el cultural la noticia no es nada buena, al fin y al cabo era la libreria de la ciudad con mayores fondos en deposito y se habia especializado de tal manera en el libro que podia prescindir de las ventas de papeleria. Llevaba abierta casi treinta años.
En principio la horrorosa crisis galopante y tal vez lo mas dramatico aun, los cambios de habitos socioculturales de los pontevedreses han dado al traste con un negocio pujante y hasta necesario en los ultimos años. No se lo que opinareis.

jueves, 29 de octubre de 2009

Hablemos de la Feria


Probablemente los promotores de la idea de que el mercadillo de las ferias vuelva al centro de la ciudad, especialmente a las plazas más antiguas, no sean conscientes de que están poniendo en tela de juicio el "modelo de cidade" elegido en esta última década.
Porque las ferias funcionaron en Pontevedra, sobre todo a partir del último cuarto del siglo XIX, que es cuando la ciudad se especializó en centro comercial y administrativo. Y para potenciar estas actividades hubo que hacer reformas urbanas como liberar a la vieja villa de las murallas, redifiniendo calle períféricas como Arzobispo Malvar, Sierra, plaza de García Escudero, Rouco, etc. ahora prácticamente intransitables. Como premio, pues se crearon las ferias del 8 y el 23 a mayores de las de los días 1 y 15. Además en esa época, sin perjuicio de los citados días feriados, apareció la primera plaza de abastos fija, trasladada después al recinto actual de la citada calle Sierra.
Evidentemente que los ganados dejaron de ser el producto principal de estos eventos mercantiles. Pero lo que si es cierto es que el recinto de Barcelos, inaugurado hacia 1900, supo recoger más tarde la celebración de un mercadillo que reforzaba con cuatro días al mes la actividad comercial capitalina.
En la actualidad, decir que ya hace varios años que hemos perdido ese recinto para los mercados. Después, la ciudad se ha ido blindando a las visitas de vecinos de las parroquias y ayuntamientos limítrofes y pese al modelo idílico no se ha solucionado el tráfico, el verdadero comodín que ha servido para eliminar tanto ferias como trolebuses o la misma capilla de Santiaguiño do Burgo.

jueves, 27 de agosto de 2009

La calle Sierra


Los que tenemos algunos años recordamos perfectamente el bullicio comercial, la doble fila y el pausado tráfico discurriendo por la calle Sierra en las horas centrales de la mañana.
Esta vía se trazó siguiendo el perímetro de las derribadas murallas que ahora se excavan y estudian con metodología arqueológica. Pero sin duda lo que más marcó la función y especialización de esta travesía fue la instalación del Mercado Municipal o Plaza de Abastos, inaugurado en 1948.
Desde entonces, como no podía ser de otra manera, ese motor económico, impulsará al dinámico sector comercial instalado en sus alrededores.
Como un día el Mercado Municipal quedó obsoleto se procedió, gracias a la ayuda de los fondos URBAN que concede la Unión Europea, a su rehabilitación y aun a la instalación de un parking, excavando el sótano.
Pero desde su reapertura nada ha vuelto a ser lo mismo. Quizás los cambios de hábitos, la mayor oferta y sobre todo la irracional peatonalización del entorno hayan dado al traste con las expectativas de muchos comerciantes radicados en esa zona.
La ubicación de un yacimiento arqueológico in situ para contemplar los cimientos de la antigua muralla, ocupando el centro de la calzada, parece que tampoco ayudó mucho a la dinamización de este entorno. Y lo mismo se puede decir en relación con la parsimonia y complejidad con que se abordan las obras de integración de los restos de dicha muralla al nuevo edificio del antiguo Museo.
Lo cierto es que junto con la pavorosa crisis que atravesamos, el paisaje de la Calle Sierra ha mudado.
Precisamente a la sombra de los andamios de dicha obra, que ciega en parte la bocacalle, se pueden contar contiguos hasta cinco bajos comerciales desocupados. De allí han huído desde bazares hasta tiendas de congelados, desde el sector textil hasta oficinas bancarias. Deben superar la media docena los establecimientos que han desaparecido de una calle que fue la alegría mediterránea del comercio local.
Frente a semejante debacle, lejos de abrirse un racional debate público y una contundente acción política que corrigiera los posibles errores de la gestión de los espacios públicos, solamente se ha oído alguna frase en el sentido de que “pudo haber sido un error la musealización de la muralla”. Y lo que es más grave, un ex concejal de promoción económica llegó a insinuar el posible cierre o el cambio de fórmula de explotación nada menos que de la segunda planta del mercado.
En fin, quien es el listo ahora que autoriza el tráfico rodado siquiera sea en horario matutino, por una calle con las farolas ocupando el eje de la calzada y unos adoquines móviles.
Y lo peor de todo es que prácticamente se puede fusilar este post en relación con el tramo de la calle Riestra más próximo a la cercada Plaza de España.