Miles de jóvenes españoles se han echado a la calle ocupando plazas y jardines de muchas ciudades de nuestro país. Es un fenómeno de múltiples causas heterogéneas, pero el hilo conductor está fundamentado básicamente en la ausencia de trabajo, de una alternativa seria para su futuro, con el agravante además, de saber que cuentan con una preparación y formación que no tiene precedentes en nuestra historia.Se buscan responsables y aun culpables de esta situación, y como no podía ser de otra manera, se apunta a la clase política española y al sistema de la partitocracia como base del problema.
Es que en España el paro juvenil alcanza casi al 50% de la población...Con esto está más que dibujada y aun justificada, la figura del indignado, el joven con una buena preparación que se encuentra sin futuro, aunque no faltan los hipotecados y arruinados por el sistema.
Pero, ¿cómo sería el perfil del otro bando, esto es, el lado del “indigno”? Probablemente nos encontraríamos con un político de alrededor de unos cincuenta y cinco años, generación que lleva surfeando a favor de viento y marea desde la Transición. Y seguramente sería además una persona con una vida laboral blindada, esto es, con un cargo o empleo público garantizado para toda la vida, algo de lo que dificilmente disfrutará un indignado.
Y si bajamos al ámbito de lo local, no en vano se han celebrado unas elecciones municipales, el indignado no entendería la figura del político profesional, aquel que es capaz de presentarse sin ningún tipo de rubor en diferentes municipios con la sola finalidad de tocar el poder.
Y como ante todo el problema de los indignados es que en España hay una grave ausencia de relevo generacional, sería impensable explicarle a cualquier chico de los que acampan en nuestra Alameda, de que incluso hay alcaldables que se jactan de renovar sólo en un veinte por ciento una lista electoral...después de ¡más de veinte años!
Como no entenderían que un candidato, después de triplicar en cuatro años el número de parados del municipio, se presentara a la reelección sin hacer siquiera un mínimo de autocrítica u ofrecer alguna alternativa seria a este problema que al menos superara el contenido de un cómic.
Conocemos algunos casos en que un ayuntamiento no ha sido capaz de crear suelo industrial en el último cuatrienio.
En fin, si conocéis algún caso semejante al que describimos, indignaos, y luchad por mejorar las cosas.